Mi nombre es Pau Vilanova y nací en Vilanant, un pequeño pueblo del Empordà (Girona), en 1988. Siempre he sentido una gran curiosidad por descubrir el territorio que me ha visto crecer. Me inspira la metamorfosis de un paisaje que nace en el mar, se despliega en llanuras abiertas a un cielo acariciado por el viento de tramontana y se adentra hacia el oeste en anfiteatros de riscales arropados por bosques frondosos —impregnados de aromas, colores y silencio— hasta culminar en las cimas escarpadas del Pirineo, entre valles profundos y ríos llenos de vida.

Desde esta proximidad nace mi trabajo, con la voluntad de poner en valor la vida salvaje de mi entorno a través de una mirada artística y poética.

«Estar sin estar» es el corazón de mi filosofía, la base sobre la que construyo mi forma de entender la fotografía de fauna salvaje. Una actitud de no intrusión que se convierte en el punto de partida de lo que llamo «el arte de la espera»: permanecer quieto durante horas, aceptar la incertidumbre, formar parte de ese espacio común sin dejar más rastro que el de mi propia mirada, evitando interferir en el curso natural de los acontecimientos. Solo desde la quietud y el respeto la naturaleza puede seguir dibujándose a sí misma.

Creo que el diálogo con el paisaje se vuelve especialmente profundo en el umbral entre el día y la noche. Fascinado por las atmósferas crepusculares, he aprendido a observar el mundo de otra forma, abriendo la mirada a una dimensión más sugerente e íntima de los seres que lo habitan.